Luchar contra el mal que se esconde en nuestro propio corazón
Romano Guardini, el famoso filósofo-teólogo alemán de origen italiano, le confiaba a un amigo, poco antes de morir, que, en el día del juicio final, él no sólo sería examinado por Dios, sino que, a su vez, tenía alguna pregunta que hacerle a Dios, y manifestaba su esperanza de conocer finalmente la verdad: "¿Por qué el sufrimiento de los inocentes? ¿Por qué el dolor?". Para Guardini era un interrogante no resuelto, que le había acompañado durante toda su existencia. Se podría decir que el evangelio de este domingo pone hoy ante nosotros la misma pregunta, suscitada en este caso por dos hechos de crónica negra. Veamos.
La historia de Palestina ha sido siempre agitada y dramática. También lo era en la época de Jesús. Los peregrinos acudían en la Pascua para ofrecer sus sacrificios en el Templo de Jerusalén. Entre ellos venían muchos de Galilea, la región más levantisca contra la dominación romana. Si siempre la situación era tensa, la tensión llegaba al paroxismo en torno a la Pascua, cuando afluían miles de peregrinos. Las fuerzas de ocupación estaban alerta ante cualquier levantamiento o posibles actos terroristas.



